Fraking, Mentiras y Cintas de Vídeo
La técnica de inyectar agua para alargar la vida de los yacimientos, se conoce desde hace décadas. Sin embargo, de unos años a esta parte, la
están empleando para la extracción de shale gas; también conocido como
gas pizarra, gas de esquisto, grisú… en definitiva, gas natural. Y en eso consiste precisamente el fracking o fractura hidráulica.
Los ingenieros y geólogos identifican sobre el terreno las fracturas
naturales por dónde sale el gas y, a continuación, le inyectan agua a
presión para engrandecer la grieta y facilitar el escape de los
hidrocarburos hacia la superficie, donde son recolectados.
El país pionero en el uso de la fractura hidráulica es, sin duda, Estados Unidos.
Tras la crisis de 2001, las autoridades norteamericanas fomentaron la
exploración y producción del gas de esquisto, con el propósito de
abaratar la factura energética que ahogaba el desarrollo económico del
país. Los altos precios internacionales del petróleo y de sus derivados,
sobre todo del gas natural, estimularon el interés de las compañías
petroleras por el shale gas; porque podía extraerse a un coste
competitivo y venderse a buen precio en el mercado nacional. El negocio
parecía inmejorable… no sólo era viable económicamente, sino que contaba
con la aprobación del gobierno. Ciertamente, conllevaba ciertos riesgos
medioambientales… pero cuando se ponderaban los pros y los contras,
sólo se consideraba una alternativa: perforar! De este modo, el country
americano se llenó de decenas de miles de pozos en busca del nuevo maná.
La producción aumentó con el paso de los años y los precios empezaron a
descender. En realidad, cayeron tanto… que por primera vez el precio
internacional del gas natural se desvinculó de la cotización del
petróleo.
Y desde entonces la prensa económica internacional, convencional e
institucionalizada, nos ha estado dando la tabarra con las excelencias
del gas de esquisto. Obviamente, ponen de ejemplo a Estados Unidos.
Porque según nos informan, en sólo una década podría convertirse en un
país netamente exportador de hidrocarburos. Lo cual seria una proeza
extraordinaria. Daniel Lacalle lo tiene clarísimo: renunciar a esta
fuente de energía barata, abundante y competitiva, es de estúpidos... Y
carga contra España, la Unión Europea y el resto de sus enemigos
habituales, por negarse a desarrollar un negocio en el que él está
completamente invertido.
Pero por algo será… puede que el shale gas sea barato y
abundante, pero no es competitivo. No a los precios actuales. Y tampoco
es medioambientalmente sostenible.
Los costes medioambientales
Son muy numerosos. Los más denunciados por los ecologistas, se refieren a:
- La peligrosidad sísmica: La inyección de agua a presión en las fracturas -debido a la incompresibilidad de los líquidos-, las ensancha y rompe la cámara estanca dónde se refugia el gas y el petróleo de esquisto; produciéndose durante el proceso pequeños seísmos de hasta 3 grados en la escala Richter, que pueden ser percibidos por la población. En 2001, los habitantes de Blackpool (en Reino Unido), consiguieron detener las perforaciones porque temían por la integridad de sus viviendas.
- La contaminación de los acuíferos: Normalmente se perfora por debajo del nivel de los mismos, a más de 200 m. de profundidad. Sin embargo, si el acuífero está cerca de la zona de perforación, el desastre está asegurado… como ocurrió en Pavilion (Wyoming), en 2001. Por otro lado, entre el 15 y el 85% del agua inyectada retorna a la superficie a los pocos días de iniciarse la perforación. Ese fluido está muy contaminado. Y tiene que evitarse a toda costa la contaminación en superficie por culpa de los vertidos.
- La contaminación por metano y radón: Al romper la cámara donde se aloja el gas, pueden producirse emisiones incontroladas de metano, que salen directamente a la atmósfera o se disuelven en el flujo de la inyección. El metano es un potente gas de efecto invernadero, cuya liberación pone en entredicho la supuesta sostenibilidad de este modelo de extracción. Por otro lado, el agua a menudo transporta partículas de radón; que es radiactivo y exige el procesamiento del flujo para evitar problemas de salud pública.
Por todas estas razones y algunas más, el Estado de Nueva York ha declarado una moratoria sobre el fracking.
Los costes de producción: las cuentas no salen
Son muy elevados. Los más importantes se refieren al coste del transporte y almacenado del gas.
Las compañías necesitan construir gaseoductos, licuar el gas y
almacenarlo en grandes cisternas, a la espera de su consumo final. Todo
esto requiere una gran inversión inicial, que se recupera con creces
durante la vida útil de los pozos, que es de unos 40 años. Según la Joint Association Surrey on Drillingcosts,
el coste medio de un pozo profundo completamente explotado en Canadá y
EE.UU., oscila entre los 6 y los 9$/MBtu (por 25€/MBtu de España). Es un
precio realmente competitivo… Sin embargo, los precios del gas natural oscilan actualmente entre los 2 y los 4$/MBtu; es decir, que el coste de producción está muy por encima del precio de venta.
Así que Lacalle, no nos vengas con milongas… el gas de esquisto no es
la panacea, ni puede ser la solución de todos nuestros males
económicos.
Pero ¿Cómo es posible? Pues porque en Estados Unidos, actualmente,
tienen un problema de sobreproducción. Han producido muchísimo más de lo
que la población, agobiada por la crisis, es capaz de consumir. Ni
siquiera tirando los precios… Lo cuál es otro indicador más de que el
consumo, como fuerza motriz de la economía norteamericana, ni está ni se
le espera. Como bien apunta Gail Tverberg, las personas que creen que el gas natural resolverá los problemas energéticos del mundo, están contando pollos antes de que salgan del cascarón.
La producción de gas natural en EE.UU. se ha estancado desde noviembre de 2011, según la EIA
Luego, en algunas zonas el shale gas tiene que competir con otras
fuentes de energía incluso más baratas. Sobre todo con el carbón, cuyo
coste de transporte es supercompetitivo. Tanto el gas natural como el
carbón ocupan el mismo nicho de mercado, basado en la generación de
electricidad para los hogares y la industria.
Aumento de la energía mundial
suministrada en 2011, respecto al año 2006, para diversos combustibles,
según el Statical Review of World Energy basado en datos de BP (2012)
Así pues, el fracking se enfrenta a dos obstáculos
fenomenales: al bajo consumo energético del país y, también, a la
extraordinaria competencia del carbón. La imposibilidad de
alcanzar un precio que garantice su competitividad en torno a los
7$/MBtu, está haciendo caer la producción. Desde finales de 2012, los
equipos de perforación se están reduciendo a la mitad en el conjunto del
sector… y muchas compañías se están asomando ya al precipicio de la
quiebra. Para colmo de males, se está constatando que muchos yacimientos
cuyos pozos tenían que durar hasta 40 años, han agotado sus recursos a
los 6. Con lo cual, el plan de inversiones se resiente y la producción
decae.
Declive del megayacimiento de Bakken, cuya extensión comprende varios Estados del medio oeste norteamericano
Debido a estos contratiempos, desde Washington están promocionando
un gran tratado bilateral de libre comercio entre EE.UU. y la Unión
Europea, que permita salvar a gran parte de su industria “frackeada”.
En Europa los precios del gas se pagan a 9 o 10$/MBtu (y en Japón a
14), que serían más que suficientes para mantener la rentabilidad del
sector. Por eso Obama recientemente visitó Berlín y se declaró
“berlinés”; como hiciera J.F.Kennedy 50 años atrás… Y lo que
haga falta! Y llamó a superar los escollos formidables que hay entre
ambos bloques, para llegar a un acuerdo… en clara referencia a los
rusos.
Sin embargo, no hay mucho de que hablar… La U.E. no arriesgará su
relación bilateral con Moscú, por la intromisión norteamericana. Los
rusos nos seguirán vendiendo el gas y, a cambio, permitirán la expansión
económica y comercial de ésta en Europa oriental (como se ha visto en
los últimos 20 años). Desde luego, las relaciones ruso-estadounidenses
no pueden estar peor… y a nadie debería extrañar, que retengan a Snowden
en el aeropuerto, para sacar ventaja en la reeditada guerra fría que
mantienen ambos países.
Y mientras tanto, la prensa económica institucionalizada, nos sigue
bombardeando con la memez de que Estados Unidos será una potencia
exportadora de shale gas en 2022. Se les olvida que en China,
Rusia e incluso en la Unión Europea, hay tanto o más gas de esquisto que
en Estados Unidos… recursos que, junto al carbón, pueden ser reclamados
en cualquier momento para abaratar los costes de la electricidad.
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