¿Qué es el «fracking» o fractura hidráulica?
La fractura hidráulica («fracking» es su término inglés) es una técnica utilizada para liberar los hidrocarburos no convencionales, atrapados en rocas de muy baja permeabilidad, localizadas a gran profundidad: a más de 3.000 metros.
La técnica consiste en una extracción horizontal que inyecta agua a
presión, mezclada con arena y sustancias químicas, para fracturar la
roca y permitir que el hidrocarburo se libere a través de las grietas.
¿Cuáles son los hidrocarburos no convencionales?
Los hidrocarburos no convencionales
son aquellos que no fluyen de forma espontánea de su yacimiento
geológico a un pozo y a la superficie. Necesitan de una técnica específica para ser extraidos. Tiene diversas formas, pero en la actualidad los más nombrados son: el «shale gas»,
también llamado gas de esquisto o gas de pizarra; y el «shale oil», el
petróleo de esquistos bituminosos. Su peculiaridad está en la necesidad
de esa técnica especial (el «fracking») para extraerlo de las rocas
arcillosas donde se encuentran, normalmente esquistos o lulitas. El gas
de esquisto es, por lo demás, igual que el gas natural.
¿Por qué han irrumpido en la actualidad el «shale gas» y el «shale oil»?
Las rocas profundas y de baja
permeabilidad donde se encuentran estos hidrocarburos han sido ignoradas
tradicionalmente. La subida de los precios del petróleo y gas
de comienzos de siglo veintiuno, sin embargo, fomentó la búsqueda de
técnicas para explotar sus hidrocarburos. Fue una necesidad comercial.
La primera experiencia la realizó la empresa norteamericana Mitchell Energy, que obtuvo gas natural de las rocas compactas de Texas. Su éxito propago la técnica de la fráctura hidráulica por EE.UU.
¿Es perjudicial para el medio ambiente?
Como en todos los asuntos
energéticos, hay división de opiniones. Los detractores de esta técnica,
como los grupos ecologistas, argumentan que esta tiene un impacto muy
perjudicial en el medio ambiente. Sobre todo, critican que el «fracking» contamina los acuíferos por las sustancias químicas utilizadas, la liberación de materiales radiactivos y la gran cantidad que agua que utiliza. Otros estudios inciden en los efectos que tiene sobre la población que
vive cerca de los pozos, como trastornos gastrointestinales, sinusitis o
pérdida de sueño. Los partidarios de fomentar esta técnica, sin
embargo, explican que la fractura hidráulica toma las medidas de
seguridad necesarias para aíslar los acuíferos y que las sustancias químicas solo suponen un 0,5% del fluido utilizado para fracturar la roca.
¿Puede provocar terremotos?
Otra de las cuestiones polémicas es
la discusión acerca de la posibilidad de que se produzcan terremotos en
las regiones donde se realiza esta técnica. La organización que agrupa a
las empresas que realizan esta actividad en España, Shale Gas España,
responde que antes de llevar a cabo la fracturación, se analizan las
características geológicas de la zona para garantizar la seguridad.
Argumenta que esta técnica se ha utilizado en más de dos millones de
pozos en todo el mundo, durante más de 60 años, y que solo se han
producido dos seismos por su causa: ambos en Lancashire.
¿Qué ventajas genera el «fracking»?
El gran potencial de la fractura
hidráulica es la cantidad de hidrocarburos a los que se puede llegar a
acceder. El mejor ejemplo de esta experiencia es Estados Unidos, que está acercándose a la independencia energética gracias a la utilización de esta técnica en los yacimientos de Dakota del Norte, Pensilvania y Texas. Gracias a ello, la producción de petróleo en EE.UU. ha crecido de 600.000 a 3,5 millones de barriles diarios. En 2012, extrajo 8,9 millones de barriles diarios, cerca de Rusia y Arabia Saudi.
Esto también ha permitido que baje el precio del gas (tres veces menor
de lo que se paga en Europa), lo que beneficia a las centrales
eléctricas y a la industria, como la de automoción. Todo ello repercute
en el empleo.
¿Tiene Europa potencial?
En general, los expertos argumentan que lo que está sucediendo en EE.UU. no se puede reproducir en Europa,
por razones geológicas y geográficas. En Europa, para empezar, la
densidad de población es mucho mayor, con lo que los posibles efectos en
la gente que viva cerca de los yacimientos sería mucho mayor. Otros
economistas opinan que sí hay potencial. Daniel Lacalle, gestor de fondos y experto energético,
afirma que «Europa cuenta con nada menos que 156 tcm (billones de pies
cúbicos) en reservas de gas pizarra. 90 años de demanda cubierta». En
cuanto a regulación, la Unión Europea ha establecido unos mínimos pero ha renunciado a regularlo expresamente o prohibirlo. Es decir, es una cuestión estatal.
¿Cómo está el tema en España?
En España no se ha llegado a realizar ninguna prospección a través de «fracking». Todos los permisos concedidos son para explorar e investigar el potencial del subsuelo.
El conflicto surge porque el Gobierno es partidario de explorar esta
fórmula, en el caso de que haya yacimientos susceptibles de contener
estos hidrocarburos, y algunas Comunidades Autonómas, como Cantabria o Cataluña, han prohibido que se lleve a cabo.
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