domingo, 22 de diciembre de 2013

Fracking, la letra chiquita de la reforma energética

Fracking, la letra chiquita de la reforma energética

 http://eleconomista.com.mx/antipolitica/2013/12/03/fracking-letra-chiquita-reforma-energetica

Así como todos los contratos de servicios bancarios (tarjetas o créditos) contienen letras pequeña que usualmente no se leen, pero que incluyen las condiciones más severas o perjudiciales, la reforma energética tiene letras pequeñas que hasta ahora han pasado casi inadvertidas. La letra pequeña de la reforma energética es el fracking.
El fracking es el nombre de una tecnología de explotación de gas y petróleo no convencional mediante una tecnología que consiste en fracturar el suelo a fin de romper las rocas de lutitas y extraer el recurso. Es un recurso conocido también como gas shale o gas lutita. Con éste último nombre es identificado en la tercera página de la iniciativa de reforma energética que el presidente Enrique Peña Nieto envió al Congreso de la Unión.
Hasta ahora la mayor atención sobre el debate de la reforma energética se ha concentrado sobre el cambio constitucional a los artículos 27 y 28 que elimina la prohibición del Estado mexicano para ofrecer contratos de explotación, producción y manejo de los hidrocarburos. Ese aspecto es el más llamativo, sin duda, porque abre las puertas al capital privado, especialmente internacional, lo que podría implicar un despojo a los bienes comunes de los mexicanos, mediante la privatización de facto de los recursos energéticos.
Sin embargo el tema de la explotación del gas lutita o gas shale mediante el fracking es un asunto de la mayor importancia para el país. Lo es por dos aspectos: la ambición por encontrar y explotar territorios que contengan dicho recurso, abre la puerta al despojo de territorios, tal como ahora ocurre con proyectos mineros, turísticos, o de proyectos de infraestructura estatal. El segundo, es que se trata de una tecnología de explotación de recursos energéticos, altamente contaminante y dañina al medio ambiente.
En la propuesta de reforma energética de Peña Nieto se ignoran estos peligrosos aspectos de despojo y daño medioambiental que puede acarrear esta tecnología. Por el contrario, se la ve como una oportunidad de ampliar las reservas energéticas del país.
Son pocas las voces que han llamado la atención sobre esta peligrosa tecnología: la Alianza Mexicana contra el Fracking, integrada por una quincena de organismos civiles, y que se presentó en septiembre de este año; en el poder público mexicano apenas se ha escuchado la voz del legislador federal Ricardo Mejía Berdeja del partido Movimiento Ciudadano, y secretario de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados.
La Alianza Contra el Fracking ha identificado varios aspectos que impactarían severamente al medio ambiente. Una de las objeciones principales de dicha alianza es que el fracking consume agua de manera intensiva. Se requieren de 9 a 29 millones de litros para la fractura de un solo pozo. “La explotación de los 20,000 pozos anuales que se está planteando, supondría un volumen de agua equivalente al necesario para cubrir el consumo doméstico de entre 4.9 y 15.9 millones de personas en un año”, y ello supondría la disminución de agua disponible para uso de la población, sostiene dicha alianza.
Además el fracking implica el uso de compuestos tóxicos añadidos al agua para facilitar el proceso de fractura, lo que contamina mantos freáticos. “En total, se han identificado más de 2,500 productos y 750 tipos diferentes de químicos en el fluido de perforación. Los expertos señalan que más del 25 por ciento de estas sustancias pueden causar cáncer y mutaciones, el 37 por ciento afectar al sistema endocrino, el 50 por ciento dañar el sistema nervioso y el 40 por ciento provocar alergias”. Por si fuera poco, la liberación de gas metano implica un aumento sustancial de los efectos del calentamiento global y por tanto del cambio climático.
No será un asunto sencillo detener esta perjudicial tecnología de explotación. Según las prospectivas del gobierno de Estados Unidos, México contiene la sextas reservas de gas lutita (de una lista de 41 naciones), cercanas a 545 billones de pies cúbicos, lo que convierte a nuestro país en un territorio más que apetecido para las empresas energéticas.
Pero no debemos permitir que ese afán de lucro privado, que se puede desatar con la reforma energética, se convierta en una oleada despojadora y en una marejada de daños ambientales para el territorio y la población del país.
rubenmartinmartin@gmail.com
Twitter: @rmartinmar

Fracking, ¿oportunidad o amenaza?

Mientras en Navarra o Cantabria se ha rechazado estudiar esta técnica de extracción de gas, en Euskadi hay varias solicitudes en marcha. ¿Cuáles son sus riesgos y ventajas?

05.12.13 - 20:58 -


 
El fracking o fracturación hidráulica, que sirve para extraer gas del subsuelo, es una de las grandes esperanzas para reducir el déficit energético en países como el nuestro. Sin embargo esta técnica, muy frecuente en Estados Unidos, está siendo muy contestada por las administraciones locales y organizaciones ecologistas. En La Rioja, Navarra o Cantabria ya ha habido pronunciamientos institucionales en contra.
En la Comunidad Autónoma Vasca mientras tanto se mantienen abiertas varias solicitudes de estudio de terrenos para valorar la viabilidad de estas extracciones. En Álava estos trabajos previos están más avanzados, pero en Gipuzkoa también hay zonas que se quieren investigar. Desde la plataforma Fracking Ez Araba tienen claro que no habría nada positivo en el fracking. Comparten el diagnóstico realizado por la Generalitat de Cataluña, que ha rechazado oficialmente dicha técnica "por la escasez de estos recursos, el impacto ambiental y los costes que se derivarían de su exploración y posible explotación, la inexistencia de beneficios energéticos y los elevados costes ambientales y sociales que acarrearía".

Reino Unido ‘ofrece’ el 64% de su territorio al ‘fracking’


Más de la mitad del territorio del Reino Unido (64%) encierra unos ingentes recursos minerales en su subsuelo que podrían ser explotados para reducir la dependencia de las importaciones energéticas y generar nuevos puestos de trabajo. Ese es el mapa que el Gobierno británico acaba de trazar con el objetivo de dar un nuevo impulso a las perforaciones a través del fracking, una controvertida técnica de extracción de gas que sus detractores tildan de fatal para el medio ambiente y que sigue dividiendo a la opinión pública del país. Las nuevas licencias empezarán a concederse a mediados del próximo año.
El Gobierno del conservador David Cameron presentó ayer una hoja de ruta de 49 páginas que, en un escenario de máximos, contemplaría la perforación de hasta 2.880 pozos de extracción de gas o petróleo en un futuro próximo. Londres espera abrir una nueva ronda de licencias en el verano de 2014 y conceder, según el secretario de Estado de Energía, Michael Fallon, entre medio centenar y 150 nuevos permisos. Este paso genera nuevas expectativas en una industria que vio frenadas sus actividades después de 18 meses de moratoria impuesta tras dos terremotos, con magnitudes de 2,3 y 1,5, que se produjeron durante las prospecciones de la compañía Cuadrilla en Lancashire. Gigantes del sector como la francesa GDF Suez y la británica Centrica ya han confirmado su interés.
Antes de la definitiva luz verde, el Gobierno debe atender a las respuestas que suscite un informe encargado a una asesoría (AMEC) sobre el impacto medioambiental y que ayer dio a conocer. El veredicto es que ese impacto es “asumible”, en contraste con las alegaciones de los grupos ecologistas de que el método del fracking implica una potencial contaminación de los acuíferos por el cóctel químico inyectado en el subsuelo durante el proceso y por el metano que liberan las rocas. El trabajo de AMEC señala también que la actividad puede llegar a producir 108 millones de metros cúbicos de agua residual que habría que tratar. “Tal volumen podría suponer una carga importante para la infraestructura de tratamiento actual”, añade.
El informe presentado por Fallon tiene el objetivo de promover exploraciones para determinar en qué zonas el gas y el petróleo son efectivamente extraíbles. Hasta hoy, las grandes compañías solo están autorizadas a operar en una pequeña parte del territorio británico (unos 11.000 kilómetros cuadrados).
En su empeño por promover la máxima explotación de los recursos minerales encerrados en el subsuelo, Cameron está dispuesto a enfrentarse a las nuevas directivas que prepara la Unión Europea —la legislación se esperaba para antes de que termine el año, pero se retrasa, y ya hay quien en Bruselas duda sobre si serán recomendaciones u obligaciones— para matizar el impacto ecológico de las extracciones. Así se lo ha comunicado a presidente de la Comisión, Jose Manuel Durão Barroso, en una carta enviada el pasado fin de semana y que el diario The Times publicó ayer. La nueva legislación europea, sostiene el primer ministro, solo servirá para retrasar las “inminentes inversiones” y pondrá al Reino Unido en desventaja frente a Estados Unidos y China.

Cameron acusa a la Unión Europea de frenar el fracking

 http://www.elmundo.es/ciencia/2013/12/17/52b0419761fd3d1e328b4575.html

El primer ministro británico, David Cameron, ha criticado duramente a la Unión Europea por frenar el desarrollo del fracking (la extracción de gas por el método de la fractura hidraúlica) y colocar al Reino Unido en una posición de desventaja frente Estados Unidos y China.
"Nuestros competidores van por delante de nosotros en la explotación de estos recursos", advierte Cameron, en una carta dirigida al presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso y revelada por 'The Times'. "Como usted sabe, esta industria está en su fase crítica e inicial, y ha hecho méritos para la puesta en marcha de una marco legislativo que le dé claridad al futuro".
El premier británico hace suyos los argumentos de la industria del fracking y asegura que la nueva legislación europea servirá "para retrasar las inversiones inminentes" y paralizar un sector que aspira a repartirse hasta el 64% de la campiña inglesa a la busca del maná del gas pizarra.
La carta de Cameron llega en medio de un intenso debate dentro de la UE por el controvertido método de extracción de la fractura hidráulica, tras varios casos de movimientos sísmicos supuestamente causados por las perforaciones y ante los temor de sus efectos en el medio ambiente, como la contaminación de los acuíferos por la inyección a alta presión de productos químicos en el subsuelo.
Francia y Bulgaria han prohibido las extracciones de gas y petróleo por el método de la fractura hidráulica en sus territorios, mientras que las protestas han arreciado en las últimas semanas en Rumanía por la supuesta relación del fracking con el aumento de la actividad sísmica.
Durante 18 meses, precisamente, se decretó en el Reino Unido una moratoria de la fractura hidráulica tras dos pequeños terremotos en el condado de Lancashire, durante unas perforaciones realizadas por la compañía Cuadrilla. El Gobierno británico abrió una investigación, pidió mayor seguridad a las compañías y decidió dar luz verde a las explotaciones hace exactamente un año.
El conservador John Gummer, al frente del Comité de Cambio Climático, anunció la semana pasada el definitivo impulso y aseguró que ha llegado el momento de acabar con el mito: "No es verdad que el fracking vaya a destruir el ambiente y que vaya a acabar con el mundo... Si verdaderamente estamos preocupados por las emisiones y por nuestro suministro energético, tiene mucho más sentido que el Reino Unido produzca su propio gas por este método".

Protestas intensificadas

Las protestas han ido sin embargo a más en los últimos meses. Catorce activistas fueron detenidos el pasado verano en el pueblo de Balcombe, en el Reino Unido, convertido en el bastión de la resistencia contra el fracking. Los activistas lograron bloquear con éxito las operaciones de la compañía Cuadrilla Resources, capitaneada por el ex director de BP Lord John Philip Browne, el mismo que acuñó el término de Beyond Petroleum y que lideró el lavado de cara 'verde' de la compañía petrolífera británica.
El 'regalo' de Navidad de los activistas de 'No dash for gas' a la empresa IGas. | NO DASH FOR GAS
En las últimas semanas, la campaña contra el fracking se ha trasladado a Salford, en las cercanías de Manchester, donde la compañía IGas está realizando prospecciones exploratorias. Los activistas de 'No Dash For Gas' ha utilizado esta vez un método de protesta muy peculiar: el bloqueo de la carretera con una gigantesca aspa de 17 metros de una turbina eólica.
"Se trata de una regalo de navidad para la gente de IGas, de parte de quienes defendemos el impulso a las energías renovables", alegaron los activistas anti-fracking, que han convertido la "pala" de la turbina en símbolo de la resistencia (hace dos semanas fue usada en una protesta conta BP en la Tate Modern de Londres).
"Lo cierto es que el Gobierno británico ha fallado a la hora a la vender el fracking al público", declaró a 'The Guardian' Anna Jones, portavoz de Greenpeace. "La industria tiene por delante un trabajo duro, intentando convencer a las pequeñas comunidades de las ventajas de este método sucio y arriesgado. La gente considera que los políticos no tiene carta blanca para industrializar el campo a la busca de combustibles fósiles".
El ministro de Energía Michael Fallon ha anunciado entre tanto hoy el total respaldo del Gobierno Cameron a una fuente de energía "que puede aportar más de mil millones de libras a nuestras comunidades, crear 30.000 puestos de trabajo y garantizar nuestra soberanía energética". Fallon criticó también a la UE y pidió que no interfiera en la voluntad del Reino Unido de "explorar y liberar el potencia del gas pizarra en neustro mix energético".

Frío o fracking

miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Se impondrá el 'fracking' o el 'shale gas' en Europa?

 http://blogs.elconfidencial.com/mercados/el-abrazo-del-koala/2013-12-04/se-impondra-el-fracking-o-el-shale-gas-en-europa_62088/


Como todos los ciudadanos europeos están en contra del fracking como técnica para obtener gas y petróleo barato, os enlazo algunos artículos de Daniel Lacalle para introducir elementos relevantes en el debate. La mayoría de debates en Europa carecen de profundidad, sólo se pone en la balanza la parte negativa de riesgos medioambientales, por ejemplo, sin ponderar la enorme ventaja competitiva que para un país supone tener fuentes de energía baratas y para muchos años.
Es como el debate de las energías renovables: todo el mundo las defiende cuando le preguntan, pero las autoridades no explican que al subvencionarlas provocan un fuerte aumento en la tarifa eléctrica a los consumidores y empresas. La pregunta debería ser: ¿queremos ser el país con más fuentes de energía renovable del mundo y pagar un 40% más en nuestra factura energética mensual?
Gracias al fracking, Estados Unidos es ya autosuficiente en gas y está a punto de serlo en petróleo, pero como comentaba Daniel Lacalle en su artículo reciente, el gas cuesta apenas la mitad en Estados Unidos en relación al europeo, y genera puestos de trabajo y costes más bajos a empresas y particulares.
La revolución energética norteamericana le está proporcionando una ventaja competitiva respecto a Europa, Japón o China. Sólo México, por su proximidad, está empezando a beneficiarse de esta energía más barata.
La pregunta es, ¿se impondrá el fracking en Europa?
Según un alto directivo de la compañía energética alemana E.ON, Leonhard Birnbaum, el shale gas o gas pizarra no revolucionará el sector energético europeo. Según Birnbaum, las probabilidades de asistir a una revolución energética en Europa son más bien escasas por motivos diversos:
- Las leyes europeas proporcionan los derechos sobre los yacimientos de gas al Estado en lugar de a los inversores privados. Esto desincentiva a los propietarios de terrenos al permitir exploraciones en Europa, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos.
- Otra clave proviene de la falta de desarrollo de la industria de servicios petroleros europeos.
- También la falta de desarrollo de un mercado eficiente de financiación de préstamos a medida para la realización de perforaciones.
- Por último, Birnbaum relata que no existen en Europa zonas geológicas con pocas restricciones legales y especialmente medioambientales.
Parece obvio que estos elementos no permitirán un gran desarrollo del fracking, al menos para un corto plazo. Es cierto que E.ON, con sus fuentes de suministro de gas ruso, con el shale gas puede ser una amenaza, pero por otro lado le interesaría sin duda que el precio del gas bajase ostensiblemente, como ha ocurrido en EEUU. Sólo un fenómeno como el gas pizarra en Europa o en Rusia puede generarlo.
El director financiero de E.ON ya alertó hace poco que los altos costes energéticos en Europa podrían provocar la marcha de grandes grupos industriales de Europa. Imaginad el ahorro en una industria energéticamente intensiva con unos costes un 50% inferiores.
Como ya sabemos, los europeos somos mucho más conservadores que los norteamericanos y, en el caso del fracking un ciudadano del Viejo Continente, ante la duda de posibles riesgos medioambientales, prefiere no iniciar dicho proceso. Justo al revés que en Estados Unidos, donde difícilmente dan la espalada a un proyecto que sea muy rentable económicamente. Si, además de ser rentable para el sector privado, es estratégico para el país, entonces desaparecen las dudas por completo.
En muchos sectores, los norteamericanos son los líderes mundiales gracias al ecosistema conseguido, que incluye tecnología, financiación y know-how. Aunque parezca que todo se debe a un visionario al frente de una empresa, la realidad es más compleja. Muchas veces en Europa queremos copiar o crear un sector con una ley o a partir de una o varias empresas y no entendemos que un 'Silicon Valley' no se crea en dos días, sino que es el fruto de un gran conjunto de infraestructuras tecnológicas, legales, de financiación o universitarias. Todo este conjunto es lo que permite la aparición de muchas empresas de éxito global.
Según E.ON, sólo en Ucrania, el fracking podría despegar aunque tienen un grave problema de financiación. Una muestra de ello es el reciente acuerdo firmado entre el Gobierno ucraniano y la norteamericana Chevron Texaco por cincuenta años a cambio de las inversiones del gigante estadounidense. Ucrania está muy necesitada de obtener sus propias fuentes energéticas, ya que depende en exceso del gas ruso.

martes, 3 de diciembre de 2013

Gas de pizarra: información primero (negocio después)

Gas de pizarra: información primero (negocio después)

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Esta semana el diaro El País se hacía eco de una “nueva” oportunidad energética, la extracción de gas natural no convencional, según ellos “tras el éxito de Estados Unidos”. Este gas es el que también se conoce más habitualmente como gas de pizarra (que no es otra cosa más que gas natural atrapado entre la roca, aunque podría ser también gas atrapado en areniscas y en placas de carbón). Pues bien, este tipo de gas ni es tan nuevo, ni es tan estupendo. Su extracción no siempre es inócua.
El gas de pizarra no se puede extraer tan fácilmente como el gas natural de bolsas subterráneas (que basta con perforar y bombear). Sin embargo los ingenieros hace algunos años ya que encontraron la forma de explotarlo, gracias a la técnica conocida como hidrofractura (en el artículo de El País la llaman fracking, bueno, pues sabed que tiene nombre en castellano).
La hidrofractura consiste (básicamente) en taladrar el subsuelo hasta una determinada profundidad, para luego inyectar grandes cantidades de vapor de agua a alta presión (junto con ciertas sustancias químicas y a veces también arena) para romper así las placas de pizarra y que aflore el gas.
Gas-Natural-2

Protección del medio ambiente y de la salud

Donde más se está utilizando esta técnica es en los Estados Unidos, ciertamente, y además allí las compañías que consiguieron las licencias de explotación se están lucrando con pingües beneficios. Es sin duda un nuevo negocio que mueve muchos miles de millones de dólares.
De hecho, el artículo nos lo presenta como la gran esperanza del sector energético, para disponer de una gran cantidad de energía y poder crear riqueza. Incluso cita el interés de El País Vasco (y en particular del Ente Vasco de la Energía) en su explotación.
De lo que casi no habla es de los posibles problemas medioambientales y para la salud (estos últimos ni los menciona) que acarrea el procedimiento de extracción de este tipo de gas natural. En Estados Unidos se extrae muchísimo gas de pizarra porque la legislación de protección del medio ambiente, y la legislación de protección de la salud y de los consumidores no ha contravenido su extracción, aunque hay ciertas dudas.
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En Europa por el momento los proyectos que solicitaban extraer este tipo de gas estaban paralizados, aunque parece que Polonia se va a atrever a extraer este gas. Es importante que no lo hagan de manera inconsciente y sin saber a qué deben atenerse, hay que valorar las ventajas y las desventajas, y si se opta por la extracción evaluar bien cómo hacerlo sin que suponga riesgos.
Al utilizar vapor de agua a alta presión, con ciertos productos químicos para ayudar a romper las rocas, ese agua con esos productos se puede filtrar en el subsuelo hasta el nivel freático, y contaminar corrientes subterráneas de agua. De hecho no es que pueda, es que lo hace. Me parece casi increíble que quien hable de este gas no sepa los inconvenientes que tiene.
GasLand

GasLand, el documental que cuenta lo que otros no quieren contar

En 2010, se publicó en Estados Unidos un largometraje documental de denuncia, titulado GasLand, dirigido y realizado por Josh Fox. Recibió por cierto el premio especial del jurado para documentales del Festival de Sundance de 2010. Y es que resulta que este realizador a punto estuvo de entrar en el negocio de este gas.
Una gran corporación estadounidense de explotación de petróleo y gas, Halliburton, un día ofreció pagar a Josh Fox un suculento alquiler por un terreno de su propiedad, a cambio de extraer el gas que había en el subsuelo del mismo. Como este tipo de gas le intrigó (no lo conocía), decidió investigarlo e investigar también la actividad de esta corporación.
Así que viajó por 24 Estados de norteamérica para conocer mejor esta nueva forma de explotación de gas natural, visitar explotaciones en funcionamiento, y hablar con las personas que vivían en las comunidades próximas a los yacimientos. Fruto de esto resultó el documental.
GasLand-5
En el documental constata, con testimonios de los vecinos, y con pruebas y hechos, que la hidrofractura ha contaminado el agua potable de algunos pueblos cercanos (registrándose niveles nocivos para salud de ciertos elementos químicos) o que incluso el gas se filtra con el agua, y esta se convierte en inflamable (está grabado en vídeo y no hay trampa ni cartón). Ya no solo es un riesgo para el medio ambiente, es un riesgo para la salud de las personas.
Sabiendo esto, no sé cómo se puede defender sin reflexión y sin crítica este tipo de explotación de gas (del mismo modo que oponerse porque sí tampoco sería razonable). Entiendo y comparto la preocupación de autoridades y ciudadanos en lo medioambiental y en lo relativo a salud, y entiendo que se paralicen los proyectos hasta verificar todos los factores de la explotación, e incluso que no se puedan permitir una gran parte.
Hay que conocer bien los riesgos que supone la actividad, y solo podemos permitir que se exploten aquellos yacimientos que no supongan riesgo (o este sea mínimo y controlado). ¿Debemos aprovechar toda la energía que podamos utilizar? Si, por supuesto, pero no a cualquier precio, y no a costa de la salud de algunos (para que se enriquezcan otros). Al menos no lo podemos hacer en pleno siglo XXI, y menos a sabiendas.

http://www.youtube.com/watch?v=dZe1AeH0Qz8

El gas pizarra y la fracturación hidráulica (“fracking”): ¿un regalo envenenado?

El gas pizarra y la fracturación hidráulica (“fracking”): ¿un regalo envenenado?

  Escrito por Javier Sanz

12 de enero de 2013 a las 13:16h 
Recién agasajados con los regalitos de los Reyes Magos, resulta oportuno abordar,  en tal señalado momento, una noticia tecnológica que, desde hace unos meses, está proliferando en los medios de comunicación. Se trata de la llamada “fracturación hidráulica” (“fracking” en inglés) que es un método de extracción de hidrocarburos, particularmente del gas de pizarra o de esquisto (“shale gas” en inglés), mediante la inyección de agua a presión (mezclada con arena y sustancias químicas) en el subsuelo, produciendo la fracturación de la roca madre (pizarras y esquistos). La perforación, primero en vertical –que puede llegar hasta los 5.000 metros- y luego en horizontal (entre 2 y 5 kilómetros), permite extraer de la veta este gas no convencional.
Las enormes disponibilidades de este recurso en países como los Estados Unidos le sitúan (según la Agencia Internacional de Energía en su Outlook de 2012) como el primer productor mundial de petróleo en 2020 hasta permitir su autosuficiencia en 2030. Y, a partir de aquí, este inesperado regalo de la naturaleza –de sus entrañas profundas- parece resolver los problemas de autoabastecimiento de hidrocarburos y su peligrosa dependencia de los inestables países de la OPEP. De hecho, los Estados Unidos tienen más de 40 años de experiencia con esta técnica y han perforado más de 50.000 pozos. Actualmente este recurso ya representa en este país el 25% de la demanda de gas. El mismísimo Presidente OBAMA anunció eufórico, a comienzos del año pasado, que con la extracción del gas pizarra lograria en poco tiempo su independencia energética.
Resulta que la nueva “fiebre del gaseoso oro negro” –que está llamada a revolucionar el convulso mercado energético- se ha extendido por todo el Planeta, incluido nuestro país, en el que son más de un centenar los permisos de exploración concedidos a empresas extranjeras y nacionales, principalmente en el norte de España, en la cuenca Vasco-Cantábrica, en el Valle del Ebro y del Guadalquivir. En el País Vasco (en Álava), la existencia de un supuesto enorme yacimiento de este tipo de gas llevó a su anterior Lendakari (Patxi LÓPEZ) a anunciarlo a bombo y platillo. Realmente si el gas pizarra tiene tantas posibilidades, sería una importante para un país como España, absolutamente dependiente en el campo energético de las importaciones (del 76% de la energía que consume y cuya factura supera los 40.000 millones de euros). ¿A qué esperamos entonces? Aprovechemos semejante regalo que nos brinda la madre naturaleza.
Ahora vienen las pegas e inconvenientes. Muchos grupos ecologistas (Greenpeace, Ecologistas en Acción, etc), asociaciones vecinales y colectivos ciudadanos (como por ejemplo, las plataformas frackingezaraba y fracturahidráulicano) afectados por las potenciales exploraciones-explotaciones de este revolucionario recurso han puesto de manifiesto los posibles riesgos de la utilización del “fracking”: contaminación de las aguas, uso desproporcionado de los recursos hídricos, emisiones de metano, generación de microseismos, destrucción del paisaje, etc.). Estos temores han llevado a muchos países a establecer cautelas. Mientras Polonia y Reino Unido apuestan por la fracturación hidráulica, otros países como Francia (apelando al prinicipio de precaución) y Alemania mantienen sus reservas hacia este procedimiento minero estableciendo moratorias. En Canadá, tras un exhaustivo estudio de su Academia de las Ciencias, el Gobierno federal declaró una moratoria y ha prohibido su extracción por el momento. En los Estados Unidos de América, algunos gobiernos estatales han motrado sus reticencias y la propia EPA se ha visto obligada a analizar los posibles riesgos del “fracking”.
Por su parte, el Parlamento Europeo (Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria) ha elaborado –siguiendo un estudio realizado por la Agencia Federal Alemana de Medio Ambiente- una guía para los responsables públicos sobre las “Repercusiones de la extracción del gas y petróleo de esquisto en el medio ambiente y salud”, en la que se destaca el vacío legal existente, la falta de conocimiento sobre los posibles riesgos y contaminaciones, aunque se reconoce la amenaza que implica su explotación sobre la disponibilidad de agua potable. Y, en todo caso, recomiendan la elaboración de una Directiva específica en esta materia. Pero el mismo Informe considera además que “los yacimientos potenciales de gas pizarra son demasiado pequeños para tener un impacto sustancial en la situación del suministro del gas europeo”.
En España, algunos Gobiernos autonómicos como el de Cantabria y Aragón han prohibido por ahora la utilización de esta técnica de explotación y muchos municipios (en cuyos términos municipales se han solicitado licencias de exploración) en Cataluña, Cantabria, Castilla-León, etc. se han declarado en contra.  Y, mientras, el Ministro de Industria, José Manuel SORIA, que la “facturación hidraúlica” no conlleva necesariamente consecuencias negativas para el medio ambiente. El PSOE presentó en el Congreso de los Diputados, a finales del 2012, una proposición no de Ley con el fin de lograr una moratoria sobre esta técnica de explotación minera.
Como agudamente ha destacado Jordi ORTEGA en su magnífico blog “Diario de futuro”, la utilización del “fracking” incidiría en la continuación adictiva a los combustibles fósiles y, por consiguiente, contribuiría al incremento de los gases de efecto invernadero y, por ende, supondría descarrilar los objetivos de las políticas del cambio climático y frenaría, al mismo tiempo, el impulso de las energías renovables. En las conclusiones del Grupo de Trabajo en Políticas Energéticas Sostenibles promovido por la Universidad de Comillas sobre “El papel de los recursos fósiles no convencionales (shale gas, tight oil) en la política energética española” (febrero de 2012), se destaca la incertidumbre en torno a su desarrollo y a su impacto sobre la sostenibilidad del modelo energético europeo, pero subrayan el importante impacto negativo que su explotación genera sobre el medio ambiente. En todo caso, se pone de manifiesto la necesidad de valorar el componente ético como elemento básico a la hora de adoptar decisiones en el modelo energético del futuro.
¿Qué hay de realidad y de fantasía en esta revolución del “gas pizarra”? No lo sabemos por ahora. Lo que sí parece prudente es actuar con mucha cautela, hay que evaluar muy bien los riesgos del “fracking” allí donde se va a utilizar (no es lo mismo un lugar que otro) y deben someterse las licencias y concesiones de explotación del gas pizarra a una rigurosa evaluación de impacto ambiental. También habría que indagar otras fórmulas de explotación que no fueran tan potencialmente peligrosas como el “fracking”. En cualquier caso, se trata de evitar a toda costa admitir sin reparos una solución energética, aparentemente rentable y urgente a corto plazo, pero que, a la larga, puede convertirse en un regalo envenenad

La «revolución» del gas pizarra

La «revolución» del gas pizarra

http://www.abc.es/sociedad/20121119/abci-revolucion-pizarra-201211181647.html 

EE. UU. busca energía sin límite con su gas de esquisto, mientras vende al exterior su carbón altamente contaminante

Día 22/11/2012 - 11.47h
En Estados Unidos están locos por el «fracking», la técnica de fractura hidráulica que permite liberar el gas de esquisto, una forma no convencional de hidrocarburo, de las rocas que lo retienen. El presidente Barack Obama anunció eufórico en su discurso del Estado de la Nación el pasado enero que el país tiene gas para más de cien años de consumo al ritmo actual. Y cree que la extracción del también llamado gas pizarra («shale gas» en inglés) ayudará a crear 600.000 empleos para el final de la década. El candidato republicano, Mitt Romney, incluía esta forma de gas como uno de los pilares de su estrategia de independencia energética.
En el cambio de milenio, los campos de gas estadounidenses languidecían. Las tecnologías de perforación horizontal y de fractura son conocidas desde hace décadas, pero todavía en 2000 no se extraía un centímetro cúbico de gas pizarra. El angustioso objetivo que marcó Richard Nixon en 1973, tras el «shock» petrolero, de alcanzar la autosuficiencia energética en 1980 parecía más lejano que nunca. Hasta que en 2007 estalló la llamada «revolución del gas pizarra». Hoy día, uno de los estados clave en estas elecciones, Pensilvania, alberga el segundo campo gasístico más grande del mundo, detrás del gigante «offshore» iraní de Pars Sur, en el Golfo Pérsico.

Independencia energética

El «gas pizarra», obtenido mediante la inyección a alta presión de agua, arena y productos químicos contra las rocas que rodean los pozos, ha pasado en una década de representar el 1% de la producción doméstica de gas en 2000 al 20% en 2010. Se considera que, en la actualidad, podría suponer ya un tercio, y el departamento de Energía de EE.UU. estima que alcanzará el 46% en 2035. Aunque no existe un consenso sobre las reservas extraíbles existentes, al largo plazo es uno de los factores -junto a la producción de bio-combustibles y formas no convencionales de petróleo (arenas asfálticas etc.)- que, según las predicciones de la compañía BP, llevarán a EE.UU. a alcanzar la independencia energética en 2030.
La implicación a largo plazo es todo un movimiento sísmico geoestratégico para las relaciones de EE.UU. con Oriente Medio, Asia y los países de la OPEP. Pero, al corto plazo, la Arcadia feliz del «gas pizarra» ha tenido dos consecuencias más inmediatas cuyos supuestos beneficios pone ahora en cuestión un informe presentado esta semana por científicos del Centro Tyndall sobre cambio climático de la universidad de Manchester. El gas ha sustituido al carbón como fuente de generación de electricidad. Durante décadas, este servía para proporcionar la mitad del consumo energético en EE.UU. En 2011, la cifra había bajado al 42%, la más baja desde 1949, según cifras del departamento de Energía de EE.UU., que prevé que en 2012 el porcentaje sea solo del 36%. Este desplazamiento del carbón por las formas convencionales y no convencionales de gas ha permitido a EE.UU. reducir sus emisiones de CO2 en un 8,6% desde el máximo alcanzado en 2005, hasta volver a los niveles de 1992. Un círculo virtuoso que se convierte en tóxico cuando se introduce en la ecuación el impacto en el exterior. El efecto de sustitución descrito ha abaratado el coste del carbón estadounidense, que ha pasado a ser exportado fuera de las fronteras de EE.UU. El carbón es, según el último Informe Estadístico de BP, el combustible fósil que más rápido crece. Representa ya el 30% del consumo de energía primaria en el mundo, el nivel más alto desde 1969. Y su consumo ha crecido un 8,4% en países emergentes, según la Agencia Internacional de la Energía. Los precios más bajos en los últimos 18 meses y la ineficacia disuasoria del mercado europeo de emisiones hacen más «sexy» todavía al carbón.
El efecto de este «revival negro» del carbón -la fuente de energía que más CO2 produce- es alejar un poco más el objetivo de reducir un 2% las emisiones en 2050 para mitigar el cambio climático. «Los cálculos presentados en este informe sugieren que más de la mitad de las emisiones de CO2 evitadas en el sector eléctrico de EE. UU. han sido exportadas como carbón», explican los autores del informe de la universidad de Manchester. «Debemos considerar seriamente si esta edad de oro del gas es en realidad una celda dorada que nos atrapa en un futuro alto en carbono”, alerta John Broderick, responsable del informe.

Tranquilidad estratégica

Con la dialéctica política instalada en las estrategias de salida de la crisis -con la llamativa excepción del alcalde republicano de Nueva York, Michael Bloomberg, apoyando a Obama por sus políticas sobre cambio climático-, la «revolución del gas pizarra» seguirá siendo percibida como un yacimiento de empleo y tranquilidad estratégica en EE.UU..
Pero, desde el punto de vista energético, las implicaciones ambivalentes de la apuesta por el gas preocupan a muchos. Según alertaba Paul Stevens en un informe publicado en agosto por el respetado «think-tank» británico Chatham House, «el gas podría terminar sustituyendo no solo al carbón (barato) sino a las (relativamente caras) energías renovables; muy malas noticias desde el punto de vista del cambio climático».

Gas pizarra: la nueva energía


El gas de esquisto, que se extrae al fracturar las formaciones rocosas subterráneas, cobra un creciente protagonismo dentro de la búsqueda de fuentes energéticas alternativas. Sus partidarios y detractores debaten sobre sus riesgos y beneficios.
Gas de pizarra o "shale gas". Según un reciente informe del Parlamento Europeo, esta nueva y debatida fuente combustible de energía "se encuentra atrapada en el interior de una roca sedimentaria porosa, llamada esquisto, y pertenece a la categoría de los gases naturales no convencionales".
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Para extraerlo, se perfora la tierra y abren brechas en las formaciones rocosas que lo almacenan, para después inyectar a alta presión agua con arena y otros químicos como ácidos, cloros y sales. Después de la extracción del gas, la presión acumulada se libera y se devuelve el líquido a la superficie. Este proceso se conoce como fractura hidráulica o “fracking”.
Las comisiones de Energía y Medio Ambiente de la Comunidad Europea han reconocido el derecho de sus Estados miembros a decidir si explotan el gas de esquisto, pero advierten que “en la perforación se necesita precaución y reglas estrictas para evitar dañar el medio ambiente”.
Algunos países de la Unión Europea como Austria, Alemania, Holanda, Suecia y Reino Unido, permiten prospecciones y se preparan para comenzar a extraer si se demuestra posible. En Polonia ya se está extrayendo, y estados como Francia, Bulgaria y República Checa han suspendido los planes al respecto.
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La comisión de Industria y de Medio Ambiente del Parlamento Europeo ha aportado estudios según los cuales, el desarrollo de la extracción de gas de esquisto en Europa contribuiría a reducir la dependencia energética exterior y podría suponer una bajada global de precios y abrir nuevas oportunidades laborales.
La “cruz de la moneda” –según el Parlamento Europeo- es la gran cantidad de agua necesaria para proceder a su extracción, la contaminación de las aguas subterráneas que podría provocar, sus posibles efectos sísmicos y el riesgo de fugas.
Según un estudio del ingeniero Hugh Rudnick, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, las existencias de "shale gas" en el mundo totalizan 6,622 trillones de pies cúbicos (*), y entre las naciones con mayores reservas técnicamente recuperables figuran: Estados Unidos, Francia, Polonia, Canadá, México, China, Australia, Sudáfrica, Libia, Argelia, Argentina y Brasil.
El Reino Unido -con unas reservas de gas pizarra calculadas en 1,7 billones de euros - ha autorizado las extracciones de este combustible pizarra "con nuevas medidas de control para reducir el riesgo de actividad sísmica", después de que unas perforaciones mediante “fracking” causaran, en 2011, dos pequeños terremotos en Lancashire.
España -donde se han dado permisos para explorar el potencial de diversas comunidades autónomas – prevé autorizar las extracciones de gas no convencional cumpliendo las cautelas medioambientales y la normativa europea y entiende que, los "riesgos específicos" que implica esta técnica industrial, pueden gestionarse adecuadamente y minimizarse con la última tecnología en la materia.
EE. UU. Y CANÁDA: DOS POTENCIAS GASERAS
En EE. UU. la explotación gasística del esquisto es un éxito energético, ya que este combustible – del que hay reservas para más de un siglo- ha pasado de representar el 1 por ciento de la producción doméstica en 2000, al 20 por ciento en 2010, y podría suponer ya un tercio, convirtiéndose en uno de los pilares de la creciente autosuficiencia energética de ese país.
“El otro país en que más ha evolucionado esta industria es Canadá, donde la extracción de esta fuente de energía ha supuesto una auténtica revolución”, explica a Efe Mónica V. Cristina, de la plataforma Shale Gas España (SGE).
"El gas se origina cuando la materia orgánica en el esquisto -una de las rocas sedimentarias más comunes - se descompone a altas temperaturas. Después, el gas queda atrapado en la formación de ese esquisto", según expertos de la compañía BNK Petroleum.
Según fuentes de BNK “para recuperar el gas de pizarra es necesario perforar un pozo desde la superficie hasta la capa de esquistos, a una profundidad de unos 3.000 a 5.000 metros. En ese punto, la perforadora gira y avanza en un plano horizontal dentro del esquisto. Después, la formación rocosa se fractura hidráulicamente para liberar el gas natural atrapado en ella”.
La estimulación hidráulica consiste en el bombeo de una mezcla de agua y arena en los esquistos de gas natural, a presiones elevadas como para agrietar ("fracturar") la roca. La arena en el agua se utiliza para mantener pequeñas fracturas abiertas y generar vías para que el gas natural fluya hacia el pozo, según la página web de la compañía.
Según BNK, una vez que la roca de esquisto se fractura y las pequeñas grietas se rellenan con apuntalantes, de un 20 a un 80 por ciento de la mezcla de agua y aditivos fluye nuevamente a la superficie, donde se recicla o reutiliza a través del filtrado, ósmosis inversa, intercambio de iones y otras tecnologías.
Según Mónica V. Cristina “el gas pizarra, que está en la roca madre, es no convencional, pero las técnicas para la extracción y explotación son las mismas que las que se utilizan en el gas convencional, mientras que la fracturación hidráulica se utiliza en los pozos de gas y petróleo desde hace décadas”.
“El desarrollo sostenible y seguro del "shale gas" para el medio ambiente y las personas está garantizado por las legislaciones de protección medioambiental, que en el caso de Europa son una de las más garantistas del mundo”, e incluyen el requisito de realizar “estudios de Impacto Ambiental”, según la experta de SGE.
Asimismo “los avances científicos y la tecnología disponibles permiten conocer y gestionar los riesgos asociados con ésta y otras técnicas, las administraciones ejercen un control estricto y una industria investiga el potencial de los recursos a través de la aplicación de las mejores prácticas”, señala.
Según SGE, para que la industria del gas pizarra sea ecológica y sanitariamente sostenible, se “aíslan los pozos del subsuelo y los acuíferos mediante una triple barrera protectora de acero y cemento de alta calidad” y se “almacena el ‘agua de retorno’, hasta su tratamiento y reutilización, en instalaciones certificadas que garantizan su aislamiento”.
ELIGIENDO LAS ZONAS DE PERFORACIÓN
Además, “la selección de los terrenos a explorar y perforar excluye áreas protegidas, parques naturales, cultivos permanentes, poblaciones, zonas de interés arqueológico, lugares que requieran importantes desbroces de terreno, o aquellas que necesiten modificaciones importantes de los accesos o requieran gran movimiento de tierras”, añade Cristina.
Según esta experta, estudios científicos estadounidenses indican que “desde mediados del siglo XX no se ha producido ningún caso de contaminación de acuíferos ligado al proceso de fracturación hidráulica” y "la irrelevancia de los seísmos asociados a la fracturación en comparación con lo que sucede con otras actividades socialmente aceptadas".
En la extracción sólo “se utilizan entre 1 a 12 sustancias aprobadas y reguladas por la legislación europea y que además son corrientes en productos de limpieza del hogar o se utilizan en la industria alimentaria”, según la portavoz de SGE.
Desde Ecologistas en Acción (EeA) afirman de otra manera. Para esta asociación “lo más peligroso es que gran parte de la mezcla líquida no se recupera: o salta a la superficie o se queda en el subsuelo”.
Según EeA, el “fracking” es "una técnica agresiva y perjudicial para el medio ambiente, porque requiere de un elevado consumo de agua, de 9.000 a 29.000 toneladas por pozo, y existe un riesgo importante de contaminación de las aguas subterráneas y de superficie por los compuestos tóxicos".
Según esta organización “también se liberan metales pesados y sustancias radiactivas como radón, radio o uranio, que retornan a la superficie”.
"La contaminación del aire es otro problema. Las fugas de metano son inevitables y es 20 veces más potente que el CO2 como efecto invernadero. Una plataforma de seis pozos requiere entre 4.000 y 6.000 viajes en camión para la construcción, y otra consecuencia es la generación de pequeños seísmos", según EeA.
Por su parte Greenpeace opina que la explotación del gas de pizarra es "un despropósito", por los efectos contaminantes que atribuye al “fracking”, sobre todo en los acuíferos; por la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, y por la necesidad de "millones y millones de litros de agua", entre otros motivos.
La plataforma "Fractura Hidráulica NO" (FHN), un estudio de la Duke University de Durham (Carolina del Norte) de 2011, demuestra que las contaminaciones de metano en viviendas cercanas a pozos de los estados de Nueva York y Pensilvania tienen su origen en las explotaciones de este tipo de gas.
Respecto de los aditivos utilizados en la fractura hidráulica, según FHN, dos informes (uno solicitado por el Parlamento Europeo y otro del Tyndall Centre de la Universidad de Manchester) que recogen los impactos asociados a la fractura hidráulica en EE. UU., hablan de la utilización de 260 sustancias químicas.
(*) -1 trillón= 10 elevado a la potencia 12. El pie cúbico equivale a 28,31 litros o decímetros cúbicos-.
Daniel Galilea.
E F E - REPORTAJES

La «revolución» del gas pizarra

La «revolución» del gas pizarra

EE. UU. busca energía sin límite con su gas de esquisto, mientras vende al exterior su carbón altamente contaminante

Día 22/11/2012 - 11.47h
En Estados Unidos están locos por el «fracking», la técnica de fractura hidráulica que permite liberar el gas de esquisto, una forma no convencional de hidrocarburo, de las rocas que lo retienen. El presidente Barack Obama anunció eufórico en su discurso del Estado de la Nación el pasado enero que el país tiene gas para más de cien años de consumo al ritmo actual. Y cree que la extracción del también llamado gas pizarra («shale gas» en inglés) ayudará a crear 600.000 empleos para el final de la década. El candidato republicano, Mitt Romney, incluía esta forma de gas como uno de los pilares de su estrategia de independencia energética.
En el cambio de milenio, los campos de gas estadounidenses languidecían. Las tecnologías de perforación horizontal y de fractura son conocidas desde hace décadas, pero todavía en 2000 no se extraía un centímetro cúbico de gas pizarra. El angustioso objetivo que marcó Richard Nixon en 1973, tras el «shock» petrolero, de alcanzar la autosuficiencia energética en 1980 parecía más lejano que nunca. Hasta que en 2007 estalló la llamada «revolución del gas pizarra». Hoy día, uno de los estados clave en estas elecciones, Pensilvania, alberga el segundo campo gasístico más grande del mundo, detrás del gigante «offshore» iraní de Pars Sur, en el Golfo Pérsico.

Independencia energética

El «gas pizarra», obtenido mediante la inyección a alta presión de agua, arena y productos químicos contra las rocas que rodean los pozos, ha pasado en una década de representar el 1% de la producción doméstica de gas en 2000 al 20% en 2010. Se considera que, en la actualidad, podría suponer ya un tercio, y el departamento de Energía de EE.UU. estima que alcanzará el 46% en 2035. Aunque no existe un consenso sobre las reservas extraíbles existentes, al largo plazo es uno de los factores -junto a la producción de bio-combustibles y formas no convencionales de petróleo (arenas asfálticas etc.)- que, según las predicciones de la compañía BP, llevarán a EE.UU. a alcanzar la independencia energética en 2030.
La implicación a largo plazo es todo un movimiento sísmico geoestratégico para las relaciones de EE.UU. con Oriente Medio, Asia y los países de la OPEP. Pero, al corto plazo, la Arcadia feliz del «gas pizarra» ha tenido dos consecuencias más inmediatas cuyos supuestos beneficios pone ahora en cuestión un informe presentado esta semana por científicos del Centro Tyndall sobre cambio climático de la universidad de Manchester. El gas ha sustituido al carbón como fuente de generación de electricidad. Durante décadas, este servía para proporcionar la mitad del consumo energético en EE.UU. En 2011, la cifra había bajado al 42%, la más baja desde 1949, según cifras del departamento de Energía de EE.UU., que prevé que en 2012 el porcentaje sea solo del 36%. Este desplazamiento del carbón por las formas convencionales y no convencionales de gas ha permitido a EE.UU. reducir sus emisiones de CO2 en un 8,6% desde el máximo alcanzado en 2005, hasta volver a los niveles de 1992. Un círculo virtuoso que se convierte en tóxico cuando se introduce en la ecuación el impacto en el exterior. El efecto de sustitución descrito ha abaratado el coste del carbón estadounidense, que ha pasado a ser exportado fuera de las fronteras de EE.UU. El carbón es, según el último Informe Estadístico de BP, el combustible fósil que más rápido crece. Representa ya el 30% del consumo de energía primaria en el mundo, el nivel más alto desde 1969. Y su consumo ha crecido un 8,4% en países emergentes, según la Agencia Internacional de la Energía. Los precios más bajos en los últimos 18 meses y la ineficacia disuasoria del mercado europeo de emisiones hacen más «sexy» todavía al carbón.
El efecto de este «revival negro» del carbón -la fuente de energía que más CO2 produce- es alejar un poco más el objetivo de reducir un 2% las emisiones en 2050 para mitigar el cambio climático. «Los cálculos presentados en este informe sugieren que más de la mitad de las emisiones de CO2 evitadas en el sector eléctrico de EE. UU. han sido exportadas como carbón», explican los autores del informe de la universidad de Manchester. «Debemos considerar seriamente si esta edad de oro del gas es en realidad una celda dorada que nos atrapa en un futuro alto en carbono”, alerta John Broderick, responsable del informe.

Tranquilidad estratégica

Con la dialéctica política instalada en las estrategias de salida de la crisis -con la llamativa excepción del alcalde republicano de Nueva York, Michael Bloomberg, apoyando a Obama por sus políticas sobre cambio climático-, la «revolución del gas pizarra» seguirá siendo percibida como un yacimiento de empleo y tranquilidad estratégica en EE.UU..
Pero, desde el punto de vista energético, las implicaciones ambivalentes de la apuesta por el gas preocupan a muchos. Según alertaba Paul Stevens en un informe publicado en agosto por el respetado «think-tank» británico Chatham House, «el gas podría terminar sustituyendo no solo al carbón (barato) sino a las (relativamente caras) energías renovables; muy malas noticias desde el punto de vista del cambio climático».

El ‘shale gas’ revoluciona el mercado energético

paguna original
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http://www.expansion.com/2013/12/03/empresas/energia/1386102201.html 
 
"El shale gas, o gas no convencional, es uno de los fenómenos energéticos más 
prometedores que está en auge en la actualidad, pero también uno de los que mayores 
retos financieros, técnicos y medioambientales afronta."
 Antonio Llardén, presidente de Enagás; y  Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN."

Aunque esta forma de energía tiene muchos defensores, tampoco faltan detractores. 
En pleno debate social y político sobre esta tecnología, el sector aboga por
 encontrar fórmulas que permitan hacer del shale gas una forma de energía sostenible 
desde el punto de vista social, económico y medioambiental. Ésa es una de las 
conclusiones de la jornada celebrada el 28 de noviembre por EXPANSIÓN, en 
colaboración con Enagás, bajo el título Shale Gas, una energía a debate. 
El presidente de Enagás, Antonio Llardén, explicó los distintos impactos económicos
 del shale gas por continente, detallando cómo ha contribuido a la reactivación de 
mercados, como el norteamericano, mientras en Europa sigue habiendo mayor presión en
 los precios energéticos.Llardén explicó que el shale gas ha generado un debate con
 muchos puntos de vista, aunque, de alguna forma, el presidente de Enagás quitó 
hierro a las críticas diciendo que ;ninguna fuente de energía es perfecta
En la jornada, que contó con la presencia de Giampaolo Zambeletti, vicepresidente 
de Unidad Editorial, y de Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN, intervino un 
nutrido grupo de expertos en el sector gasista.

Además, asistieron destacadas personalidades del mundo energético, como Maite
 Costa, expresidente de la Comisión de Energía, y José Sierra, exconsejero del
 antiguo órgano de regulación del sector. También acudieron distintos directivos 
de primer nivel, como los primeros ejecutivos de GDF Suez, Loreto Ordoñez, y de 
Cepsa, Pedro Miró.  Tras la intervención de Llardén, se generó un intenso debate.
 Capella Festa, experta de la Agencia Internacional de la Energía, comentó que uno
 de los principales motores que va a condicionar el futuro del shale gas es el
 crecimiento de la demanda de energía de aquí a los próximos veinte años,un periodo
 en el que se triplicará
Festa desmontó algunos mitos y explicó que, a diferencia de lo que se suele pensar,
 no son Estados Unidos, Japón o China los mayores impulsores del crecimiento de la 
demanda, sino Oriente Próximo en términos relativos. Las proyecciones de la Agencia
 Internacional de la Energía apuntan a que, en 2035, ;en países energéticamente muy
 potentes, como EEUU, el gas no convencional representará el doble que el 
convencional;
A pesar de las grandes expectativas, Festa no ocultó los inconvenientes e incidió 
en las críticas que está sufriendo el shale gas en el terreno medioambiental. Un 
pozo típico de gas necesita 15.000 toneladas de arena y 150.000 metros cúbicos de 
agua (equivalente a 5.000 camiones cisterna) para ponerse en producción. El gran 
reto de este sector no es tanto la tecnología, ;sino el hecho de manejar la 
logística que supone todo eso, y hacerla eficientemente;. Festa propuso lo que en
 el sector se empieza a conocer como las reglas de oro (golden rules) para el shale
 gas y que obligan no sólo a la eficiencia técnica y económica, sino también 
medioambiental y social.
Para la experta de la Agencia Internacional de la Energía, un operador no debe 
tener sólo una licencia administrativa para perforar, sino algo más intangible que 
ella llama ;licencia social;. La nueva frontera Los hidrocarburos no convencionales
 (shale gas o shale oil) son la nueva frontera energética. No son distintos del gas o del petróleo convencionales. Lo que cambia es la forma en la que se extraen. Los hicrocarburos convencionales están en bolsas, o reservorios. Basta perforar para sacarlos.
Los no convencionales se encuentran en los poros de las rocas. Se sabe que están
 ahí desde hace décadas. Para su extracción, se fractura la rocas (fracking) con
 agua, arena y disolventes a presión. La revolución técnica en los últimos años es
 lo que ha hecho posible el shale.
El shale gas, o gas no convencional, es uno de los fenómenos energéticos más prometedores que está en auge en la actualidad, pero también uno de los que mayores retos financieros, técnicos y medioambientales afronta.

El ‘shale gas’ revoluciona el mercado energético,Empresas Sector Energía. Expansión.com
03.12.2013 Madrid M.Á.Patiño 0 El shale gas, o gas no convencional, es uno de los fenómenos energéticos más prometedores que está en auge en la actualidad, pero también uno de los que mayores retos financieros, técnicos y medioambientales afronta. Giampaolo Zambeletti, vicepresidente de Unidad Editorial; Antonio Llardén, presidente de Enagás; y Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN. Giampaolo Zambeletti, vicepresidente de Unidad Editorial; Antonio Llardén, presidente de Enagás; y Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN. Aunque esta forma de energía tiene muchos defensores, tampoco faltan detractores. En pleno debate social y político sobre esta tecnología, el sector aboga por encontrar fórmulas que permitan hacer del shale gas una forma de energía sostenible desde el punto de vista social, económico y medioambiental. Ésa es una de las conclusiones de la jornada celebrada el 28 de noviembre por EXPANSIÓN, en colaboración con Enagás, bajo el título Shale Gas, una energía a debate. Otro panorama El presidente de Enagás, Antonio Llardén, explicó los distintos impactos económicos del shale gas por continente, detallando cómo ha contribuido a la reactivación de mercados, como el norteamericano, mientras en Europa sigue habiendo mayor presión en los precios energéticos. Llardén explicó que el shale gas ha generado un debate con muchos puntos de vista, aunque, de alguna forma, el presidente de Enagás quitó hierro a las críticas diciendo que “ninguna fuente de energía es perfecta”. En la jornada, que contó con la presencia de Giampaolo Zambeletti, vicepresidente de Unidad Editorial, y de Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN, intervino un nutrido grupo de expertos en el sector gasista. El ‘shale gas’ revoluciona el mercado energético Además, asistieron destacadas personalidades del mundo energético, como Maite Costa, expresidente de la Comisión de Energía, y José Sierra, exconsejero del antiguo órgano de regulación del sector. También acudieron distintos directivos de primer nivel, como los primeros ejecutivos de GDF Suez, Loreto Ordoñez, y de Cepsa, Pedro Miró. Debate Tras la intervención de Llardén, se generó un intenso debate. Capella Festa, experta de la Agencia Internacional de la Energía, comentó que uno de los principales motores que va a condicionar el futuro del shale gas es el crecimiento de la demanda de energía de aquí a los próximos veinte años, “un periodo en el que se triplicará”. Festa desmontó algunos mitos y explicó que, a diferencia de lo que se suele pensar, no son Estados Unidos, Japón o China los mayores impulsores del crecimiento de la demanda, sino Oriente Próximo en términos relativos. Las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía apuntan a que, en 2035, “en países energéticamente muy potentes, como EEUU, el gas no convencional representará el doble que el convencional”. A pesar de las grandes expectativas, Festa no ocultó los inconvenientes e incidió en las críticas que está sufriendo el shale gas en el terreno medioambiental. Toneladas de arena Un pozo típico de gas necesita 15.000 toneladas de arena y 150.000 metros cúbicos de agua (equivalente a 5.000 camiones cisterna) para ponerse en producción. El gran reto de este sector no es tanto la tecnología, “sino el hecho de manejar la logística que supone todo eso, y hacerla eficientemente”. Festa propuso lo que en el sector se empieza a conocer como las reglas de oro (golden rules) para el shale gas y que obligan no sólo a la eficiencia técnica y económica, sino también medioambiental y social. Para la experta de la Agencia Internacional de la Energía, un operador no debe tener sólo una licencia administrativa para perforar, sino algo más intangible que ella llama “licencia social”. La nueva frontera Los hidrocarburos no convencionales (shale gas o shale oil) son la nueva frontera energética. No son distintos del gas o del petróleo convencionales. Lo que cambia es la forma en la que se extraen. Los hicrocarburos convencionales están en bolsas, o reservorios. Basta perforar para sacarlos. Los no convencionales se encuentran en los poros de las rocas. Se sabe que están ahí desde hace décadas. Para su extracción, se fractura la rocas (fracking) con agua, arena y disolventes a presión. La revolución técnica en los últimos años es lo que ha hecho posible el shale.

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El ‘shale gas’ revoluciona el mercado energético,Empresas Sector Energía. Expansión.com
03.12.2013 Madrid M.Á.Patiño 0 El shale gas, o gas no convencional, es uno de los fenómenos energéticos más prometedores que está en auge en la actualidad, pero también uno de los que mayores retos financieros, técnicos y medioambientales afronta. Giampaolo Zambeletti, vicepresidente de Unidad Editorial; Antonio Llardén, presidente de Enagás; y Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN. Giampaolo Zambeletti, vicepresidente de Unidad Editorial; Antonio Llardén, presidente de Enagás; y Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN. Aunque esta forma de energía tiene muchos defensores, tampoco faltan detractores. En pleno debate social y político sobre esta tecnología, el sector aboga por encontrar fórmulas que permitan hacer del shale gas una forma de energía sostenible desde el punto de vista social, económico y medioambiental. Ésa es una de las conclusiones de la jornada celebrada el 28 de noviembre por EXPANSIÓN, en colaboración con Enagás, bajo el título Shale Gas, una energía a debate. Otro panorama El presidente de Enagás, Antonio Llardén, explicó los distintos impactos económicos del shale gas por continente, detallando cómo ha contribuido a la reactivación de mercados, como el norteamericano, mientras en Europa sigue habiendo mayor presión en los precios energéticos. Llardén explicó que el shale gas ha generado un debate con muchos puntos de vista, aunque, de alguna forma, el presidente de Enagás quitó hierro a las críticas diciendo que “ninguna fuente de energía es perfecta”. En la jornada, que contó con la presencia de Giampaolo Zambeletti, vicepresidente de Unidad Editorial, y de Ana I. Pereda, directora de EXPANSIÓN, intervino un nutrido grupo de expertos en el sector gasista. El ‘shale gas’ revoluciona el mercado energético Además, asistieron destacadas personalidades del mundo energético, como Maite Costa, expresidente de la Comisión de Energía, y José Sierra, exconsejero del antiguo órgano de regulación del sector. También acudieron distintos directivos de primer nivel, como los primeros ejecutivos de GDF Suez, Loreto Ordoñez, y de Cepsa, Pedro Miró. Debate Tras la intervención de Llardén, se generó un intenso debate. Capella Festa, experta de la Agencia Internacional de la Energía, comentó que uno de los principales motores que va a condicionar el futuro del shale gas es el crecimiento de la demanda de energía de aquí a los próximos veinte años, “un periodo en el que se triplicará”. Festa desmontó algunos mitos y explicó que, a diferencia de lo que se suele pensar, no son Estados Unidos, Japón o China los mayores impulsores del crecimiento de la demanda, sino Oriente Próximo en términos relativos. Las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía apuntan a que, en 2035, “en países energéticamente muy potentes, como EEUU, el gas no convencional representará el doble que el convencional”. A pesar de las grandes expectativas, Festa no ocultó los inconvenientes e incidió en las críticas que está sufriendo el shale gas en el terreno medioambiental. Toneladas de arena Un pozo típico de gas necesita 15.000 toneladas de arena y 150.000 metros cúbicos de agua (equivalente a 5.000 camiones cisterna) para ponerse en producción. El gran reto de este sector no es tanto la tecnología, “sino el hecho de manejar la logística que supone todo eso, y hacerla eficientemente”. Festa propuso lo que en el sector se empieza a conocer como las reglas de oro (golden rules) para el shale gas y que obligan no sólo a la eficiencia técnica y económica, sino también medioambiental y social. Para la experta de la Agencia Internacional de la Energía, un operador no debe tener sólo una licencia administrativa para perforar, sino algo más intangible que ella llama “licencia social”. La nueva frontera Los hidrocarburos no convencionales (shale gas o shale oil) son la nueva frontera energética. No son distintos del gas o del petróleo convencionales. Lo que cambia es la forma en la que se extraen. Los hicrocarburos convencionales están en bolsas, o reservorios. Basta perforar para sacarlos. Los no convencionales se encuentran en los poros de las rocas. Se sabe que están ahí desde hace décadas. Para su extracción, se fractura la rocas (fracking) con agua, arena y disolventes a presión. La revolución técnica en los últimos años es lo que ha hecho posible el shale

El ‘shale gas’ revoluciona el mercado energético,Empresas Sector Energía. Expansión.com
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