Una breve revisión sobre el estado de la ciencia con el Fracking
Hasta este momento, la CE no se ha pronunciado de forma clara al respecto pero quien sí lo ha hecho, ha sido la Eurocámara, pues lo que ha pedido ha sido cautela con los permisos de extracción.
Los proyectos de Fracking en algunas comunidades de España, están bastante avanzados, aunque en Cantabria hay una marcha atrás en las concesiones con la prohibición de las técnicas de Fracking.
A nivel
estatal, Industria ha ido autorizando las concesiones para la
exploración e investigación de los posibles pozos en los que obtener el
gas de esquisto (siempre con los correspondientes estudios de impacto
ambiental y la correspondiente vigilancia ambiental como en cualquier
industria de este tipo) y ha rechazado recientemente la petición de moratorias presentadas por algunos grupos como Izquierda Plural.
Fracking: Luces y sombras
El fracking, shale-gas o
fractura hidráulica en castellano, es una técnica ya desarrollada en
1860 aunque no fue hasta 1949 cuando la técnica comenzó a tener cierta
fuerza al poder emplearse el agua para la fractura hidráulica y no fue
hasta el periodo comprendido entre 1980 y 2000 cuando la compañía texana
Mitchell Energy mejora la técnica mediante al alcanzar depósitos de
petróleo y gas en roca muy poco porosa e inyectar miles de toneladas de
agua con arena y hasta 260 productos químicos diferentes, para crear en
ella grietas de hasta 800 metros para favorecer la salida del gas al
exterior.
Gráfico de Al Granberg en ProPublica
El “fracking” se usa en aproximadamente
90% de los pozos operativos en la actualidad, y entre 60 y 80% de los
nuevos pozos, lo requerirán para seguir siendo viables, aunque es una técnica con una gran cantidad de críticos tanto a nivel de grupos ecologistas como por científicos (véase el famoso documental de Gasland), por
los efectos sobre el medio natural, especialmente en lo relativo a la
contaminación de los acuíferos por todos los productos químicos que se
emplean para la extracción del gas durante la inyección de agua a la
roca, así como una elevada producción de gases de efecto invernadero;
principalmente metano.
Diversos estudios recientes (Osborn et al., 2011), son muy críticos con esta técnica por la contaminación de los acuíferos con metano al analizar 68 pozos de agua subterránea en cinco condados de Pensilvania y Nueva York. En otro estudio (Walter, G.R. et al., 2012)
se veía cómo las actividades asociadas al fracking podían incrementar
las emisiones de radón a la atmósfera en aquellos terrenos graníticos.
Contaminación por metano en agua potable (Fragmento de la película Gasland de Josh Fox)
Una de las grandes críticas que se les ha hecho a estos trabajos, es que la contaminación de las aguas se producía de forma natural y el Fracking no sería el causante de dicha contaminación (Warner, N.R. et al, 2012)
aunque se pedía una mayor investigación, y que cualquier actividad en
esa zona sería susceptible de incrementar el radón atmosférico y que en
caso de que en realidad tuviera relación directa con el fracking,
existirían sistemas de contención de los gases.
En otro estudio de la Universidad de Cornell (Howarth et al., 2011),
se apuntaba que el proceso global del fracking produce más GEI de lo
que se esperaba, lo que ponía en duda la limpieza de esta técnica al ser
peor que la quema de carbón, aunque hay quejas de que el supuesto riesgo en realidad era exagerado.
En un estudio realizado en Colorado, se veía cómo las
emisiones de metano a la atmósfera, se incrementaban en cantidades muy
elevadas y que por tanto, generarían un riesgo sobre la salud de la
población local. En un artículo de unos meses después en JAMA, se volvía a alertar sobre la posibilidad del riesgo para la población local (Véase también PBS NewsHour ‘Fracking’ for Natural Gas Continues to Raise Health Questions).
En Octubre de 2012, se publicó en el NEJM
una durísima carta de diferentes colectivos médicos americanos, sobre
cómo la legislación médica cada vez impedía un mayor contacto
médico-paciente y se aprovechaba para denunciar la imposibilidad de que
existía en algunos estados americanos (Pennsylvania, Ohio, Colorado, y
Texas) para informar correctamente a la población local acerca de los
posibles peligros que podría suponer el fracking para la población
local.
Por último, dentro de los peligros que se
le suponen al fracking, se relacionó la existencia de terremotos con
las operaciones de fracking en Ohio, Oklahoma, Wyoming e incluso en Reino Unido lo que provocó que el estado de Ohio suspendiera los pozos en los que se estaba realizando esta técnica. La realidad como nos mostró un interesante artículo en New Scientist y como veremos posteriormente, es que este riesgo era muy pequeño.
Las últimas revisiones científicas sobre el Fracking
Ante todas estas denuncias, uno de los trabajos científicos más completos
acerca del Fracking fue el desarrollado por la Royal Society, a
petición del Gobierno Británico a cuenta de los terremotos que en teoría
se habían producido por culpa del Fracking.
La revisión de la Royal Society establecía que el Fracking era una técnica segura, siempre
y cuando se tuvieran en consideración normativas de seguridad claras y
estrictas para lo que habría que desarrollar una fuerte regulación (Informe final completo en pdf).
Además, el Fracking era una causa poco
probable de contaminación en aguas subterráneas, siempre y cuando la
extracción de realizara a profundidades de varios cientos de metros o
varios kilómetros y que en el caso del Reino Unido, debido a su
morfología, la contaminación de los acuíferos suprayacentes, serían
raras y que en caso de producirse contaminación superficial, se debería a
pozos defectuosos por lo que cada pozo y por tanto cada permiso de
extracción, tendría que contar con una serie de expertos independientes
especialistas que revisaran cada uno de los diseños.
Por otra parte, los riesgos sísmicos son bajos y en el caso de producirse, serían igual o menores que los inducidos por la minería de carbón
y los requerimientos de agua, deberían de ser gestionados de forma
sostenible, tanto en el uso del agua como en su depuración para reducir
el uso del agua. Por último en lo relativo a huella de carbono producida
la extracción de gas, se necesitaba más investigación.
Otra opinión parecida, es la de la
American Geophysical Union con conclusiones muy parecidas a las de la
Royal Society aunque en el caso americano, el posible riesgo de terremotos es algo mayor debido a las condiciones geológicas de algunos estados de Estados Unidos, pero que no hay datos suficientes como para relacionar de forma clara fracking y terremotos
y que en el caso de que existieran, serían iguales que los ocasionados
durante las operaciones de extracción de petróleo como ocurre en
Oklahoma, aunque se tendría que seguir vigilando.
En cuanto a los problemas ocasionados por las aguas residuales ocasionadas durante el proceso de extracción, esto se podría solucionar con plantas de tratamiento de aguas residuales
en los lugares de extracción tal y como ocurre con cualquier industria
alimentaria o industria minera por lo que se instaba a la EPA a seguir
con el seguimiento medioambiental.
En el caso de Estados Unidos, el país dónde estas técnicas están más avanzadas debido a las condiciones geológicas de Estados Unidos, la EPA no está muy a favor de las técnicas de fracking, y aunque la normativa es propia de cada Estado, la EPA realiza un seguimiento al detalle de cada uno de los pozos de extracción con paralizaciones inmediatas en cuanto observa problemas.
Mapa de las bolsas de gas susceptibles de ser aprovechadas por Fracking en Estados Unidos en el año 2011. Mapa de U.S. Energy Information Administration (EIA)
Proyección hasta 2035 de la producción de
gas obtenido por fracking en Estados Unidos frente a los métodos
tradicionales. Gráfico de New Scientist
Actualmente, la EPA está trabajando en un
nuevo informe mucho más amplio con el seguimiento al detalle de todos
los pozos de extracción de Estados Unidos, para su publicación en 2014
cuando tengan datos significativos a favor o en contra de las técnicas
de Fracking, ya que como ocurre con toda actividad, no se puede decir
que no ni que sí, inmediatamente… Weinhold (2012) realiza una interesante revisión de la situación del fracking en Estados Unidos
El único punto, que todas las revisiones
científicas ponen de manifiesto, es el tema de las emisiones de metano y
que aún no se ha logrado solucionar correctamente su problemática a
nivel de emisiones y de contaminación (gas con un efecto de 21-24 veces
más fuerte que el CO2 sobre la atmósfera), aunque hay técnicas para
mitigar el impacto bastante avanzadas y con buenos resultados como los sistemas de secuestro de carbono en subsuelo o su empleo para biorreactores.
A pesar de estas mejoras, una reciente investigación gubernamental en Australia alertaba de que las emisiones de metano eran muchísimo mayores de las inicialmente previstas
lo que podría hacer que se prohibiera/limitara el uso de la técnica
tal porque las técnicas de fracking, podrían provocar que se cambiara la
estructura del suelo, dejando escapar más metano a la atmósfera (el
trabajo se encuentra actualmente en revisión).
De todas formas, conviene ser cautos en especial con todos los informes tanto en contra como a favor del fracking,
como se ha visto recientemente con un informe realizado por Charles
Groat, antiguo jefe de U.S. Geological Survey para la Universidad de
Texas en el que a muy grandes rasgos, se decía que no había grandes
motivos para la preocupación pero ahora se ha visto por un informe de la
propia Universidad, en el que se alertaba sobre que este antiguo jefe tenía un conflicto de intereses con una empresa de fracking, por la que no había informado previamente tal y como explican en Science, y por tanto los resultados finales, podrían haber estado influenciados por esta relación. Quizás,
uno de de los mejores resúmenes acerca de toda esta polémica era el que
hacía Scientific American en un editorial en Octubre de 2011 con un
claro Safety First, Fracking Second.
A pesar de las dudas que pueden surgir
con el tema tal y como ocurre con cualquier nueva tecnología, observamos
que, a día de hoy, las actividades de Fracking son seguras y no tienen por qué ser perjudiciales para el medio ambiente y para la salud pública ya que existen alternativas con las que mitigar el impacto.
En cualquier caso, todas estas
actividades, deberían de contar con una reglamentación dura y lo que es
quizás más importante, un seguimiento medioambiental fuerte de forma que
en cualquier momento que se detecta niveles superiores a los
permitidos, parar la actividad.
Andrés Rodríguez Seijo (@andresrguez)
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