El fracking también amenaza la reserva del Kalahari
A la ya conocida extracción de diamantes iniciada en los años
ochenta en Botsuana, se está sumando el nuevo impulso de la fracturación
hidráulica, que afectaría a la reserva del corazón del país
Imagen de archivo de la Reserva de Caza del Kalahari Central. / Chris Merwe
La fracturación hidráulica amenaza a la Reserva de
Caza del Kalahari Central. A la ya conocida extracción de diamantes
iniciada en los años ochenta en Botsuana, se está sumando el impulso de
una nueva actividad conocida como fracking, que afectaría a la reserva
del corazón del país y puede provocar la disminución de los ya de por sí
escasos recursos de agua con los que cuentan los bosquimanos, la
comunidad que habita en este desierto africano.
La organización OSISA (Open Society Iniciative for Southern Africa)
desveló el pasado lunes los planes del Gobierno botsuano con un mapa de
las concesiones realizadas en la Reserva de Caza del Kalahari Central. En esta publicación, de la que también se ha hecho eco el periódico inglés The Guardian, se
explica cómo se han otorgado licencias comerciales para la extracción
de gas que pueden poner en peligro la segunda reserva más extensa del
mundo.
El fracking es la fracturación hidráulica de
la roca para extraer gas natural. Para la consecución del gas, es
necesario excavar pozos en los que se inyectan millones de litros de
agua combinados con diversos productos químicos. El proceso contamina
las aguas subterráneas, lo que puede provocar la pérdida de los
limitados recursos de agua de que disponen los bosquimanos. Además, esta
práctica aumenta la emisión de gases perjudiciales a la superficie y
puede ser causa de temblor sísmico.
Activistas y organizaciones ecologistas ya se han pronunciado contra estas concesiones e incluso existe un documental, The High Cost of Cheap Gas, que informa sobre las graves consecuencias que la fracturación hidráulica puede tener en el medio ambiente.
Ante estas acusaciones, el Gobierno de Botsuana negaba cualquier tipo
de fracturación hidráulica en la Reserva de Caza de Kalahari Central el
pasado martes. "Actualmente no existen operaciones de fracking en el
país, con excepción de distintas perforaciones de exploración de varias
compañías", mantenía el ministro de Minerales, Energía y Recursos
Hídricos, Onkokame Kitso Mokaila.
Sin embargo, la
compañía sudafricana Sasol hacía público en su página su participación
conjunta en tierras botsuanas con la multinacional energética
australiana Origin Energy. Esta noticia desvela que las empresas han
obtenido tres licencias para "determinar la cantidad de gas natural disponible y su viabilidad para su futuro desarrollo comercial".
Su duración es de dos años y permiten estas actividades a lo largo de
aproximadamente 3000 km2 en la región central de Botsuana.
Incluso el propio director de desarrollo de gas de Sasol, Steve Boden,
comunicó que no se les requirió ningún tipo de plan de gestión ambiental
para la obtención de las licencias. Con el Gobierno local intentando
desmentir estas afirmaciones, los bosquimanos desconocen estas
intenciones que ponen en peligro su hábitat. El pueblo indígena puede
ahora ser testigo y víctima real de su expulsión de la reserva. Las
intenciones del Gobierno de mejorar la vida de los bosquimanos y la
excusa de que su estilo de vida de caza y recolección daña el ecosistema
se convierten en pretextos que esconden intereses económicos y
políticos.
Con los problemas derivados de la
fracturación hidráulica, serán los propios bosquimanos los que no tengan
más remedio que abandonar sus tierras. El uso de compuestos químicos
para facilitar la degradación de la roca es necesario en la extracción
del gas. Este vertido contamina las aguas subterráneas, por lo que pozos
de agua potable utilizados por los bosquimanos pueden quedar obsoletos.
Otra de las consecuencias directas del fracking es la contaminación del
aire. Entre un 20% y un 50% del agua empleada en la extracción vuelve a
la superficie trayendo gas metano, entre otros metales pesados, muy
perjudicial para la atmósfera y que aumenta el calentamiento global.
Además, la proliferación de multinacionales interesadas en la
extracción de gas ha provocado que el propio Gobierno de Botsuana ponga
en peligro uno de sus atractivos turísticos. El impacto medioambiental
que puede sufrir la región central del país es un revés para la Reserva
de Caza del Kalahari Central. El parque nacional puede verse invadido
por plantas energéticas, pozos y tuberías, más el ir y venir de camiones
de gran tonelaje necesarios para transportar el gas extraído.
A la vez que el Gobierno botsuano arremete
contra la organización Survival Internacional por boicotear su sector
turístico con la campaña en defensa de los bosquimanos "Yo no voy a
Botsuana", es el propio Ejecutivo quien paradójicamente puede ser el responsable de la caída de esta industria.